La falta de ejercicio o inactividad física, son dos factores que nos vuelven más vulnerables a sufrir enfermedades no transmisibles.

Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR 2018), la actividad física baja aumentó de 54,7% a 64,9% en adultos dentro el territorio nacional. Cuando hablamos de “actividad física baja” nos referimos a no cumplir con la recomendación de la OMS de sumar 150 minutos semanales de actividad física moderada.

Este incremento se relaciona con toda la evidencia internacional que demuestra un aumento en la prevalencia de inactividad física en los últimos años en la región de América Latina y el Caribe.

Otro dato que preocupa es que a nivel mundial, el 23% de los adultos y el 81% de los adolescentes en edad escolar no se mantienen suficientemente activos. El incremento de este indicador contribuye a la epidemia creciente de obesidad y expresa la necesidad de profundizar las políticas públicas para promover la actividad física en toda la población, con un enfoque inclusivo y de protección de derechos.

¿Qué es sedentarismo?
Es aquél estilo de vida que implica la falta de ejercicio o inactividad física. El sedentarismo es cada vez más común en las grandes ciudades donde encontramos jornadas laborales extensas, en las que predomina el uso de dispositivos tecnológicos que evitan el esfuerzo físico. Esto implica que los músculos y las articulaciones se vayan endureciendo y volviendo cada vez más vulnerables a pequeñas lesiones. Cualquier movimiento corporal es considerado actividad física, no solo los deportes o duros entrenamientos en gimnasios. Jugar, caminar, bailar o realizar los quehaceres hogareños, entre otras, son opciones saludables.

Según un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Argentina es uno los 20 países más sedentarios. La falta de actividad física es un factor de riesgo considerable para las enfermedades no transmisibles (ENT), como los accidentes cerebrovasculares, la diabetes y el cáncer.En países como el nuestro, es necesario promover políticas poblacionales a favor del transporte activo, entornos laborales y escolares físicamente activos y la participación en propuestas de actividad física, deporte y recreación en espacios comunitarios.

Recomendaciones mundiales de actividad física según la edad
Junto al llamado de atención, la OMS lanzó una serie de recomendaciones sobre la cantidad mínima de actividad para incluir en rutina diaria de modo de mejorar la salud en todos los grupos etarios. La intensidad refiere al ritmo, al esfuerzo que se emplea. Caminar, bailar o las tareas domésticas son ejemplos de actividad moderada, mientras que otras disponen de un grado vigoroso, como correr, andar en bicicleta, nadar o levantar peso.

5 a 17 años: deberían realizar 60 minutos de actividad física vigorosa. Será mucho mejor, si superan dicha cantidad.
18 a 64 años: a quienes integren esta franja etaria se les aconseja practicar al menos 150 minutos semanales de actividad moderada en periodos no inferiores a los 10 minutos.
Mayores de 65 años: deben mantenerse tan activos como se lo permita la salud. Lo ideal sería realizar ejercicios tres veces
por semana para mejorar el equilibrio y evitar las caídas.

Para todas las edades, el objetivo es ir incrementando gradualmente la duración, frecuencia e intensidad.
Los múltiples beneficios de estar activo Los beneficios son sumamente conocidos. Desde la mejora de la condición y aspecto físico hasta la interacción social, también influye positivamente en el aspecto psicológico. Al aire libre o bajo techo, jugando o practicando de forma recreativa,
y con una mayor o menor duración, se recomienda incorporar este hábito saludable desde la niñez, de manera que se vuelva algo natural y cotidiano, y mejore la calidad de vida de los futuros adultos.

Una práctica regular de actividad física ayuda a mantener un cuerpo sano. Las personas físicamente activas mejoran el funcionamiento del sistema muscular y cardiorrespiratorio; la salud ósea y funcional; tienen tasas inferiores de cardiopatías coronarias, hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares, diabetes, cáncer y depresión; tienen un menor riesgo de caídas y fracturas de cadera o columna.